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domingo, 31 de julio de 2011

Un ave que se va con cada viaje

En ésta mi casa se cumple un ritual desde el inicio de mi voz. Un sacrificio casi sistémico pero fuera de automatismos. Suele suceder cada vez que emprendo vuelo hacia otras tierras. Un ave, generalmente la más amiga, pasa al plano de la muerte en circunstancias sinceramente extrañas. Los primeros casos se daban con gallinas negras (qué coincidencia, dirán muchos) o con mis pollitos mascota. Luego siguieron los patos, a los que he aprendido a respetar por sus muestras impresionantes de conciencia primigenia y receptividad.

Por lo general estas aves amanecen sin vida, heladas como la indiferencia del mundo a su muerte, tiesas, duras, casi como piedra, sin muestras de picadura o mordedura mortal. Tampoco mueren a escondidas. Siempre yacen donde se les pueda ver temprano en la mañana, como el saludo de la muerte que no llegó a casa.

También he tenido las protagonistas de un accidente, inesperado hasta para la mente más volátil. Un coco que les cae encima, o quizás una rama, justamente la más fuerte del árbol o arbusto en cuestión, o un mango bien calibrado a la perfección para el golpe, aniquilan la existencia del ave escogida para lo que en mi casa se ha conocido por generaciones como "El Sacrificio."

Nunca me ha gustado la idea de matar un animal para un beneficio humano que no considero necesario. Apenas pude me hice vegetariana y rechazaba sin discusión toda práctica religiosa donde se sacrificara un animal. Hay sin embargo un principio de sabiduría en estas prácticas antiguas que debo reconocer y que luego el tiempo me ha aleccionado: el sacrificio existe, en la naturaleza y en la cultura. Tiene un sentido que sólo la alquimia me ha ayudado a encontrarle sentido. Humano o animal, sacrificio es sacrificio.

La ley de correspondencia se aplica sin chistear al perder una de mis queridas criaturas con cada vuelo que emprendo. La lógica popular de mis abuelas sentencia que el animal sacrificado ha dado su vida para que el humano sobreviva ante un peligro. Es evidente que montarse en un avión siempre implica algún riesgo. Pero de tener razón mis ancestras... ¿Será que suelo estar al borde de la muerte? Pero eso no era lo que más me perturbaba. Crecí con la tristeza de pensar que un inocente animal tuviera que atrapar "la cosa mala" a la que estaba destinada.

Hoy esa tristeza se ha disipado, y ha sido gracias a un 'momento privilegiado', de esos que se tiene a veces, para llegar a ser uno con los principios básicos de la vida. Mis aves y sus extrañas muertes me han enseñado que el rito del sacrificio sólo tiene valor cuando es voluntario, cuando Algo te muestra que el hecho no fue en vano, cuando el animal busca inexplicablemente su propia muerte o extraña desaparición. Cierto o no, de lo que sí estoy convencida es que al igual que en el amor las energías no pueden ser tomadas sino dadas, pensando que el bien que se canjea es superior en todas las estructuras del ser. Los animales quizás no lo puedan pensar, pero seguramente lo pueden sentir. La vida en pro de la vida. No le encuentro otra explicación.

Hoy algo de mi tristeza ha volado. Una codorniz se ha escapado de su jaula, una hembrita muy bella, volando como nunca antes lo había mostrado, y ha desaparecido entre la madreselva que esconde la casa de la bruja de mi vecina. No la estoy ofendiendo, es bruja de verdad. Si no me creen vengan y comprúébenlo si así lo desean.

Al tiempo que esto pasaba en la soledad del patio de mi casa, una persona muy querida por esta voz se preparaba para tomar un avión y charlar hombro a hombro con las nubes por primera vez en su vida. ¿Coincidencia? Quizá nunca lo sepa. Sólo sé que las aves perciben mucho más que comida y calor, y que su sacrificio, también digo 'quizás' sea tan amoroso que no les importa que estas maravillas ocurran a diario y que no nos demos cuenta.

martes, 13 de abril de 2010

De esas cosas maravillosamente inentendibles


Hay recuerdos de la infancia que no se dejan abandonar en la ambigüedad y el desprecio de las 'cosas de la gente grande'. Algunos recuerdos son muy fluidos y alegres. Otros no tantos.

Los hay de un tipo algo especial. Esos que te alimentan de dudas y de misterios por el resto de tu vida. Una canción más nunca escuchada, un amiguito que te invita al bosque, un olor que se deja tocar por tus manos invisibles, una caricia en tu pelo, una casa a la que nunca se vuelve.

Todos pensamientos obligados a dormir en la rama de lo subjetivo para no preguntarnos si alguna vez vivimos esas maravillas en este o en otro mundo. La dureza de la vida nos obliga a contestar un firme y consistente 'no'. Lo que la vida no nos dice es cómo esas realidades nos sacuden el mundo 'de a de veras'. Y no todas las sacudidas tienen que ser amables. Algunas han demostrado ser muy violentas.

Yo tengo varios de esos recuerdos, pero éste ha pisado tierra, con una fuerza tal, que me empuja sin parar a los adentros con sólo cerrar los ojos, y a veces, sin garantía alguna de regreso.

Y todo ha ocurrido porque sí, porque el encuentro con un pasado que nunca pasó no puede ser otra cosa que un eterno presente.

O si no, ¿cómo me explico y le explico a ustedes, que en la 17 bis de la calle Pavée de Paris se encuentra una librería que 'ya había visitado', hace ya mucho tiempo, cuando mis pensamientos no se encerraban tan fácilmente en lengua de mi madre? ¿Cómo explico ese escalofrío tembloroso de mi piel al encontrarme frente a frente con este lugar en una de esas noches frías y húmedas de invierno en las que vagaba sin rumbo fijo, en una ciudad extranjera, y hasta hace sólo un par de años desconocida para esta niña del nuevo mundo?

¿Cómo explico ese olor de vejez y de adentros. Cómo explico la melancolía de la madera que sostiene sus 3 pisos, el pavimento de ladrillos ancestrales que conserva su interior, el sabor a cueva decadente. El nombre mismo de la librería: Mona Lisait, con esa Gioconda enverdecida y brujeril. Y todavía aún más inexplicable: cómo explico la corriente alterna que entraba por mis pies con sólo pisar suavemente los adoquines del piso, como si la tierra me hablara, como si me conectara a ese lugar y a otro, otro al que quizás me falte ir? ¿Cómo le hago? La lengua no me es suficiente.

Hubo sin embargo algo que no encontré, y fue un libro, uno que se supone debía estar allí y que encierra en alguna de sus páginas la imegen un grito de terror. El grito de una figura humana sin ojos y sin lengua. Una figura hecha de angustia y que recuerdo a medias, porque al parecer el miedo que me produce es tal, que mi mente no me deja detallarla, como si la censura sensorial fuera irremediablemente necesaria.

¿Por qué no encontré ese fantasma de horror en la Mona Lisait del número 17 bis de la calle Pavée de París, encuentro per se extraordinario, si su presencia en mi mente está ligada a ese lugar? ¿Será que ya no está allí? ¿Será que simplemente ya no lo veo? Ahora que lo pienso no recuerdo ni el grito. Sólo recuerdo que alguna vez gritó.

Recuerdos que aterrizan alguna vez, o con los que tienes una cita inesperada al reencuentro de una misión cumplida. De esas cosas maravillosamente inentendibles.

jueves, 23 de abril de 2009

Barraza en mi recuerdo III

Estoy triste.

Ese caserón de verde corroido llega a mí por el goteo de una memoria húmeda, escurridiza, derramándose por los poros invisibles de mi mente.

Yo otra vez, una 'yo' de manitas tiernas, intento llegar al primer alto de esa casa de madera, que como todas las de El Chorrillo convertían la incertidumbre en aventura. Escucho consecutivos chirridos de tablones enfermos. Su crujido bajo la suela de mis zapatitos blancos amenaza con hacerme caer a un vacío no tan vacío. Pero no tengo miedo. Ante una posible tragedia, la alfombra de hongos y líquenes que crece sin pudor debajo de las escaleras me esperaría dulcemente. ¡Qué alegría!

Con la acogida y la falsa vergüenza de un vientre materno, así recuerdo la humedad de aquel patio interior, limoso verde del verde olivo más olivo, cómo sólo mis manitas pudieron alguna vez tocar. Porque sí: yo toqué ese verde. Tan niña, tan dulce, y sin embargo lo hice. Lo toqué, lo respiré. Era el color de una revolución que no pasó del sueño. ¡Pero cómo pinta ese verde, Jung! Cómo pinta y cómo habla, como un compañerito de juegos que te quiere y a la vez te desafía.

Arriba de esta urbana foresta me espera otra amiga: la fantasía. Hay un hombrecito de cartón bailando en el balcón al ritmo del Nacimiento de Ramiro entre pañales de tela y de ropa íntima. Ahora un rojo sangre me deslumbra, y si es por el vaivén de los imprecisos contornos del colgado, mi memoria lanza frenéticamente al Chapulín Colorado o al Hombre Araña. Ahora la memoria de mi piel me revela la verdad. Es el viento de la playita el culpable de este Van Gogh que tengo por piñata. Pero poco le importa a esta niña. ¡Yo sólo quiero reventar! Ver caer esos caramelos al piso de madera y alegrarlo con matices de colores distintos, de sabores distintos. Porque me gusta el verde, pero desde este balcón no se ve otro color.

Y sin embargo no llegan nuevos sabores a mi boca. De hecho no llega ninguno. Tampoco veo bien los colores de las pastillas. Sólo aparece entre mis manos aquel palo de escoba, el de todos los cumpleaños, eso sí, bien decoradito con papel crespón amarillo. Lo tengo con firmeza hacia arriba y eso hace que todas mis sentidos se centren en la piñata rojo sangre. La quiero tumbar, conquistar y conquistarme, ser la heroina del barrio.

Pero no recuerdo más. Alguien habrá hecho el trabajo por mí., porque hasta hoy no tengo precisamente fama de haber tumbado piñata alguna. Si tan sólo me hubiera quedado con un pedazo de ella para guardar el rojo... Quizás no era el momento de acumular tanta sangre ajena para hacerla mía... quién sabe.

Pero la casa, esa verde casa donde el viento bailaba con nuestras vidas que apenas empezaban... ¿Por qué no está más en Barraza? ¿Será que no la veo?

La primera pregunta me duele. La segunda me espanta.

Estoy triste.



martes, 10 de marzo de 2009

¿Mal chiste?

Con intención y alevosía traté de contarle a mi madre un chiste "brujón" que escuché no recuerdo dónde. Y empecé así:

- Había una vez un niño que se llamaba Tarea... -

- Y se hizo a sí mismo - Me respondió al toque.

... ... ...
No pude relajear más.

Y desde entonces no se me quitan las ganas de tener un hijo, tan sólo para llamarlo Tarea.

domingo, 22 de febrero de 2009

Leer el arroz


A Chana, que era india pero no pendeja

Aprender el ABC significaba, al menos hace un par de años atrás, el privilegio y el deber ciudadano de leerle el periódico a esa abuela que nunca supo de civilización, de normas aristotélicas, de los peligros de esa "lengua suelta" con la que Antonio de Nebrija asustara a la ambiciosa Reina Isabel de Castilla, y cuya sujeción arrastró también la nuestra, junto con la Espada y la Cruz.

El progreso llamó a estas abuelas analfabetas, por desconocer las trampas de las inseparables Alpha y Betha. Ni siquiera Roma se dignaba en acariciar el verbo del espíritu mestizo de estas mujeres, pues la santa misa, la misma que glorificaba y condenaba a la vez, era cantada en latín.

Leerle el periódico a la abuelita era pues, un acto de redención para esos ancestros encerrados en su mundo adolorido e incivilizado de indio emplumao'... o al menos así me lo tronaba la iglesia, la escuela y las películas de John Wayne. Y por poco quedo sorda.

"Valla y léale el periódico a la abuela que a ella le gusta eso". Me decían. "Pobrecita, que ella no sabe leer. Nunca fue a la escuela".

- ¿No sabe leer? - Eso me hicieron creer.

Entonces tomaba yo ese pedazo ridículo de papel, atiborrado de "palabras importantes", y me acercaba con un extraño orgullo donde esta anciana.

Imposibe no sentirse "salvadora", pensar que le haría saber a la abuela cosas de las que no se enteraba. "Yo sé leer, y se lo voy a demostrar a la abuelita, y se va a enterar de las noticias, y se va a poner contenta... y me va a decir que soy MUY inteligente..." Delirios de un piojito de seis años. En buen panameño, una culicagada.

Lo que nunca le conté a la gente grande fue que el silencio y la mirada romántica de esta anciana me detenían. Con la batea sostenida en su regazo, la abuelita no dejaba de mirar detenidamente unos granos de arroz. Su mano derecha los revolvía y los tiraba continua y dulcemente, una y otra vez. Puedo hasta oir el susurro de los granos de arroz cayendo como cascadita sobre la batea.

Ssshhhssshhhssshhhssshhhssshhh...

Qué suave, me muero.

- Abuelita, ¿Quieres que te lea? -

- Dele pues -

Sepa alguien qué salió de mi boca al leer el titular de la noticias. Si solté en-mé-to-do-si-lá-bi-co a la Thatcher, al Pinochet, a las Malvinas o a algún sandinista. ¿Y qué importa? Sé que no terminé palabra alguna cuando un lenguetazo sonoro entró nuevamente por mis pequeños oídos.

Ssshhhssshhhssshhhssshhhssshhh

El arroz, que si lo ven bien tiene forma de lengüita, cantaba serenamente entre los dedos de la callada anciana. La cascada de arroz daba brinquitos sobre la suavidad de esa madera porosa de árbol dolido, y en cada golpecito de arroz surgía en mí una pregunta... y todas las respuestas.

Reagan y la Unión Soviética cayeron al piso. Mis manos sólo querían sostener las faldas de la abuelita y seguir oyendo ese susurro de vida del que nadie parecía disfrutar.

SSSHHHSSSHHHSSSHHHSSSHHH

He aquí que realicé, llevada de la mano de mi abuelita, mi primera lectura del arroz.

Y de esto todavía no se enteran los grandes. ¿O a poco ustedes crecieron?

Queda entre nos.


Pronto, si la gente grande me deja, la segunda lectura del arroz, y de otras cosas más.



lunes, 2 de febrero de 2009

Barraza en mi recuerdo II

Mi primer poema me lo trajo el viento. Mi primer poeta, la muerte.

Las olas susurrantes formaban palabras. Y yo, de manitas frágiles y nariz moquillosa, sólo buscaba atraparlas en el aire. Aspirarlas, hacerlas mías como la vida misma que recién ostentaba.

No quise más que la inmensidad de ese horizonte negro, el mismo que me calma y me arrulla ahora en otra dimensión, inacabable, en el todopoderoso mundo de los sueños.

Mamá me tomó con fuerza esa noche. Sin miedo pero instintiva, olió a tiempo mis ganas de escapar de mis cinco años. Poco a poco enmudecen en mis oídos las piedras del muro donde revienta el mar en la playita, las mismas que hoy se desvanecen como los niños, como las barcas, como los recuerdos.

- Ven, vamos a leer a los poetas -

Pero sólo veo unos montículos blancos con unas plaquitas, extendidos como tumbas a lo largo de la avenida.

- Y los poetas, ¿dónde están? -

- Muertos -

No dije más. ¿Y qué decir?

Preferí seguir contemplando el oscuro absorbente de la noche y esmerarme en recordar la melodía del canto marino. De pronto respiré. Respiré todo lo que pude. Era evidente. No quería irme sin nada. Quise robar, robar sin demora la muerte de los poetas.

¿Qué puede ser un poeta a tus cinco años? No me preguntén qué pasó, pero en ese 'instante privilegiado' comprendí que un poeta es alguien que muere para enseñarte a vivir.

Como tantas noches en Barraza, volví en brazos al quinto piso de El Paco y a sus tristes muros de gris metal. Pero no lo hice sola. Un fantasma solitario se escapó conmigo en la soledad de la Avenida de los Poetas... muertos.

Desde entonces respiro su aliento, aunque ya no estén las plaquitas.

sábado, 20 de diciembre de 2008

El día en que la vida se detuvo (y no fue película)


Ese día.
Lo recuerdo como si fuera siempre. Nunca se irá de mí. Es inevitable volver a los 14 cada 20 de diciembre.

El frío vuelve a mis huesos, lo mismo que esos gritos, no tan lejanos, de personas calcinándose en El Chorrillo, barrio donde hasta hace unas cuantas horas vivía mis navidades entre el sabor de la salsa, los trompos voladores y el pescado frito. A muchos de esos niños ya no los vería más.

Cada 20 de diciembre Madre me me hace crecer, y me manda a la mierda por no agarrar a mis primitos que querían ver el vuelo de los aviones yankis, esos gigantes de negro que parecen de otro planeta. Son los mismos aviones emisarios de la Mala Nueva: otros niños, como nosotros, acaban de ser destrozados a la salud de una Navidad Negra, por cortesía de George Bush y compañía.

Cada 20 de diciembre se detiene la vida en Panamá. Los niños que jamás serán adultos y que se desvanecieron con el color de sus canicas lo saben perfectamente. Los otros, los que siempre se conformaron con la "Causa Justa"*, cual exitosa campaña electoral, creen ser hombres y mujeres exitosos por hormiguear dentro de los centros comerciales, fábricas industriales de zombies (¿O de zombies industriales?) en esa afanosa búsqueda por comprar lo que no se requiere.

Y lo más triste: juran que están vivos, cada 20 de diciembre.

* Just Cause, nombre de la operación de Estados Unidos para invadir Panamá.

miércoles, 3 de diciembre de 2008

ESCRITURA AUTOMÁTICA: Diablos Rojos


Diablo rojo cortesía de Panama-guide.com


El diablo rojo es un personaje misterioso, de choferes inquietos y pavos* castrados al no poder volar por el rojo del semáforo.

Llantas lisas, llantas lisas, ¿por qué tan atrevidas?

Llantas lisas chillan alrededor de la orgía de diablos rojos, reunidos descaradamente alrededor del semáforo de la muerte donde chofer y pavo unen sus destinos.

Chofer, por favor, déjeme besar la tristeza de sus llantas lisas, antes de que el pavo implacable me grite: ¡Pa' trás, pa' trás!

El semáforo, anunciando mi muerte, prepara entre los diablos rojos un festín de pavos insaciables en la gloriosa búsqueda de la primera plana de El Siglo.

* Pavo: asistente del chofer de un diablo rojo. Suele estar colgado de la puerta y pregona las paradas.

sábado, 29 de noviembre de 2008

Relojes



Soñé que me encontraba en un salón de clases bastante amplio y como con sabor a viejo. Tenía las ventanas amplias. Estaban todas detrás de mí. Al frente se encontraba un largo tablero, y a mi lado izquierdo, una puerta de madera que supone la salida. Y desde afuera entraba mucha luz.
Estaba yo sentada en una banca al igual que mis compañeros de clase. De pronto aparece un profesor conocido, de aspecto lánguido y señorial. Me mira muy seriamente y dice: "Vergara, explíquele a los compañeros el problema fundamental entre el significado y el significante".
¿Qué?
Me paré. Mis compañeros me veían como si quisieran beberse lo que a continuación iba a decir. No entendía bien lo que quería el profesor y estaba consternada, pero de una vez me entusiasmé, porque me decía a mí misma que al fin me iban a dar la oportunidad de hablar sobre algo tan fundamental para la existencia humana.
Me coloqué frente a la puerta, es decir, del lado más izquierdo del salón, y justo cuando lanzo las primeras palabras aparecen alrededor de la puerta una serie de relojes de pared. Sólo recuerdo haber mencionado el famoso esquemita de Saussure cuando toda la pared frontal y lateral derecha se rellenó de relojes de pared. Eran grandes, todos de madera añeja, de cortes clásicos. Es más, frente a mí había uno de péndulo, y al fondo a la derecha, un hermoso cucú muy bien tallado en madera fina. Ahora que lo pienso, todo el salón era una galería de relojes. Hasta podía sentir el olor de sus cajas de madera.
Yo hablaba. Sólo recuerdo haber dicho que el gran conflicto del pensamiento humano es creer que el significado y el significante integran una misma cosa. "La esencia es un árbol que no podemos conocer porque sólo conocemos la palabra árbol". Mis compañeros no entienden nada. Entonces decido utilizar los relojes como ejemplo.
- Vean estos relojes. Cada vez que escuchan la palabra reloj les vendrá a la mente sólo un tipo de reloj, porque sólo recordarán uno de los tantos relojes que ven aquí. Los que tengo al frente, por ejemplo, todos tienen marco redondo. Si sólo ven relojes con marco circular durante toda su vida van a definirlo en su cabeza como algo de forma circular, no como un aparato que da la hora. La esencia del concepto se torna invisible para ustedes y se fijan en otras características de la imágen que no tienen la menor importancia y obstaculizan el encuentro con la realidad. Por eso es importante conocer todas las formas de reloj posibles... -
Y señalo los relojes que están colgados en el muro de la derecha. Ahora algunos de ellos tienen marcos cuadrados y hexagonales
- ...para que puedan centrarse en el mecanismo del reloj y no en su forma. Yo pude lograrlo porque he podido ver muchos relojes con formas diferentes. Pero lograr esto es muy difícil si uno no ve otros relojes. Tienen que ver otros relojes-
- Tienen que ver otros relojes - No sé cuántas veces lo repetí antes de despertar.

Ahora les comparto mi extraño sueño, antes de que este blog entre en conflictos de significado-significante y desaparezca. Después de todo ¿cómo estar segura de que no les estoy escribiendo esto en otro sueño? Por favor: díganme si estoy dormida, o quizás, si no estamos todos en el mismo sueño, o peor aún: si no estamos todos encerrados en las manecillas de los mismos relojes.

miércoles, 26 de noviembre de 2008

Agua

Llegué al salón de clases temblando por la humedad. Inevitable ante esta lluvia que inunda ya dos provincias y algo más. La profesora, que conoce mi afición de escribir 'cositas' cambia esta vez de estrategia: invita al grupo a escribir un "proema" para comprender la locura de Francis Ponge. El tema es la lluvia. No podría haber otro. El agua nos tiene. Dejé entonces fluir palabritas para ver si también llovía en mí. Y salió esto:

La pluie dilue la grisaille d'un tableau de misère envahissant la clarté de mon corps de draps déchirés par la folie d'un amour emballé comme un cadeau silencieux qui survie l'érosion fangeuse du caprice humain en se coulant vers la mer par la pluie qui choisit ses anges et les arrache de la tèrre pour ramasser des nymphes.

La lluvia diluye el gris de un cuadro de miseria que invade la claridad de mi cuerpo de trapos desgarrados por la locura de un amor envuelto como un regalo silencioso que sobrevive a la erosión fangosa del capricho humano fluyendo hacia el mar por la lluvia que escoge a sus ángeles y los arranca de la tierra para cosechar ninfas.

(Descanso eterno para l@s muert@s de las provincias de Chiriquí y de Bocas del Toro, quienes nos adelantaron en el retorno al origen)

martes, 11 de noviembre de 2008

Sueño lobato

A continuación transcribo el primero de una serie de sueños que estoy recogiendo para estudiar la narración del mundo onírico. Como en toda transcripción traté de guardar la sintaxis y el ritmo de la narración de la manera más fidedigna posible a su dimensión oral. Se aceptan voluntarios.

En un principio yo me veía en una ciudad. La ciudad estaba totalmente urbanizada: todo era cemento, las casas muy bonitas… y era de noche. Yo me sentía cómodo en ese lugar… y en ese momento, aparece un lobo. Pero el lobo yo lo ví a cierta distancia de mí.

De repente en el sueño, yo estoy en la selva, o en un bosque, o en la jungla. Y desde donde yo estoy, puedo ver la ciudad al otro lado. Yo estoy como en una colina y puedo ver la ciudad en el fondo.
Entonces yo empiezo a correr hacia la ciudad, y a medida que voy corriendo hacia la ciudad me voy quedando sin ropa, hasta quedar completamente desnudo, yo voy corriendo completamente desnudo. En ese momento, veo a mi lado, y veo a un lobo corriendo conmigo a la misma velocidad. Pero yo no sentía miedo, al contrario, me sentía feliz de que él estuviera corriendo conmigo; y los dos seguimos corriendo, y me desperté. Nunca llegué a la ciudad. Me desperté en el momento (en el) que los dos vamos corriendo: el lobo y yo, pero ya yo iba totalmente desnudo.

Nota: Los ( ) cierran elementos agregados por la transcriptora.

miércoles, 5 de noviembre de 2008

Aire

Aire I

- ¡Escucha a Jesucristo que él es el único, el verdadero, el…! -
Megáfono al hombro, el hombre no paraba de desgalillarse en la Plaza de Santa Anta. Los eternos durmientes de las bancas centenarias ni se inmutaban ante la advertencia. Yo tampoco. Estaba sentada en un borde de la plaza, callada, a la sombra de uno de sus frondosos árboles, esperando a que un viejito, cabizbajo y sereno, culminara de lustrar mis zapatos cansados ya del suelo y del agua, tan gastados como su lustrador.
- ¡Jesucristo es el único que tiene poder! ¡Sí! ¡Él es tan poderoso que si a él le da la gana nos quita el aire! ¡Y nos morimos todos! –
- ¡Jo! ¡Qué malo es ese Jesucristo! – Lo pensé ya un poco enojada, mareada por esos gritos en mis oídos acalorados por un mediodía húmedo y pegajoso.
De pronto, esa cabeza parlante lanzó una máxima inesperada:
- ¡Y sin aire usted se muere, porque en el aire está la vida! –
El monólogo continuó. No sé cómo. No importaba mucho. Sentí alegría pero a la vez tristeza, al descubrir cómo se puede estar tan cerca de la verdad, lanzarla al viento y no darse cuenta. Pobre pastor.
- En el aire está la vida… la vida está en el aire… -
- ¡Adoremos el aire, pues! -

Aire II

Increíble. A esta hora de agobio y de hambre, de esperanzas en negro y de mentes en blanco, el pastor improvisado de Santa Ana parece no detener su trance. Parafrasea la Biblia de tal forma que lo convence a uno de estar escuchando frases pertenecientes a otro espacio en otro tiempo, con otras leyes físicas y en compañía de otros locos.
Sólo me conecta al aquí y al ahora la presión firme de las plantas de mis pies sobre los ladrillos del suelo… y el aire. Sí, el aire: elemento vital y digno de adoración. Desde que fui tocada por las palabras del pastor, el aire ya no me sabe tan denso, aunque en su búsqueda saboree también vapor de agua y sucio urbano.
No puedo evitar ahora levantar la cabeza y me perderme un rato en los rayos del mediodía que caen sobre mis cerradas pupilas. Así, muy iluminada y penetrada en destellos, respiro por unos segundos el fresco aliento de las hojas de los árboles de la plaza: titilantes, alegres, los lamentos de la Plaza de Santa Ana encuentran en ellas consuelo eterno a la melancolía y al olvido.
Y pienso calmadamente, oyendo cada una de mis inspiraciones pasar por mi pecho:
- Adoremos el aire. Adoremos el aire –
- Uhm… -
- ¿Y si mejor lo escuchamos? –

Y un fuerte viento bailoteó entre las hojas.

viernes, 17 de octubre de 2008

¡Gracias General!

Corre 1980 y me deleito con las imágenes institucionales que ruedan en nuestra tele de tubo que ya se calentó:

"Ehhhh uoooh, en cada rancho un foco..." Clin clin clin clin...

Y en agudo tono suena una guitarrita interiorana en un clin clin clin que me hace saltar y girar. Me perplejo con la propaganda del IRHE y sus cuchillas Caterpillar (la mamá del tonkita de mi hermano) abriendo caminos en campos sinuosos de verdes explosivos y campesinos alegres.

- ¿En cada rancho un foco? O sea que los ranchos sólo tienen un foco? -
- ¡No oye alelaaa! que ahora la luz llega a todos los pueblitos por allá metíos', no como cuando taba' chiquito que se estudiaba a punta de guaricha porque la luz era un lujo. Y todo gracias al General que fue el que impulsó las hidroeléctricas. Sino, ¡ñángara! - Me explica papá.
- Hidro, hidro... ¿qué? Uhm... ah ya. -

- El General de división Omar Torrijos, dirige este Proceso Revolucionario... - La tele sigue con unas imágenes maravillosas de una niña en bata blanca jugando con un tubo de ensayo. Se vé divertida esa cosa.

- Laboratorios para todas las escuelas públicas - La voz de la tele me sigue deslumbrando.

- ¡Ayyyy! ¡Yo también quiero hacer experimentos! -

- ¡Ah! Pero ahora es que las escuelas tienen laboratorios y eso gracias al General, no como antes que aquí sólo estudiaban los ricos y no les importaba un caraj... -

- Uhm... Ah ya -
No oigo más a papá. Se ha caído de la mesa una foto en blanco y negro de un pueblo, tan polvoriento como la caja de recordatorios de mi bautismo. Ese pueblo, si se le puede llamar pueblo, luce apenas unas cuantas casitas, una cantina y una iglesia, ordenadas a lo largo de un camino mal cortado y lodoso. (¿Qué más pedirle a un pueblo?)
- Antes las fotos no tenían color, ¿Verdad? -
- Es que antes no habían fotos a color y las pocas cámaras que las tomaban eran muy caras. -

- Ah pero ahora no -

- Claro que no, oye -

- Ah ya... -


- ... -

- Uhm... (me rasco la nuca) -

- ... -


- ¿Y eso también es gracias al General? -

martes, 7 de octubre de 2008

Una lección tanguera (Bohemia aplicada a la vida 300a)


Siete o nueve palabras conjuraron
con "la vergüenza de haber sido
y el dolor de ya no ser".

Como buenos brujos
(y que aún suelen ser)
los antiguos bohemios de Buenos Aires
apostaron por los premios "Cuesta Abajo"
llorando alegremente ese tiempo viejo
que nunca volverá...

¡a menos de que guardes esas fotos históricas firmadas por Carlitos!

Y así, en aquel entonces
los últimos fueron los primeros.
(¡Claro, si iban cuesta abajo!)

¡Y hay quienes no creen en la sabiduría del tango!

martes, 23 de septiembre de 2008

De where carajo are you from???

En una clase debutante de español lengua extranjera...

- Amie, dinos ¿de dónde eres? -
- Soooy deeee Canada -
- Ajá, es decir que eres... -
- Es, soy eh...¿canadiense? -
- ¡Muy bieeen! Sí Amie. Eres canadieeeenseee. A ver... ¡Ajá!, tú, James. ¿James? -
- ¿Aaaaahhh? -
- James, ¿de dónde eres? -
- Ehhh... sorry? -
- ¿James, where are you from. Deee dooondeee eeereees?
- Ah! Yes! Eh... es eh... soy, estoy de... es, Estadoooouus Unidooous -
- ¡Muy bien! Entonces, si eres de Estados Unidos tú eeeeeeres...?
- Ahm... soy ahm... ¿Estado...Uni...Decente?-
(Silencio)
- Eh... ¡Ah, es el recreo!, pueden salir -
- Sorry? -

viernes, 5 de septiembre de 2008

Encuentro con el Wasón

El día siguiente a la muerte de César Romero fue terrorífico. Lo recuerdo como si hubiera sido un sueño:

Bajo somnolienta de ese monótono bus suburbano, tratando de pescar algo de realidad a esas tempranas horas de la mañana, cuando de pronto me ataca La Nada. Esta vez se pintorretea de pregonero noticioso, y con su manta de periódicos me grita al oído:

- "¡El Siglo, El Siglo: SE MURIÓ EL WASÓN! -

El baile de hojas maché me roza la cara y corta mi visión, y más en ese momento en el que no conseguía aún reaccionar a los tétricos grises marrones manchados de negros polutos de la Terminal de Calidonia. Los rojos sanguinarios de la doble u del titular se derraman, resultado del contacto con alguna gota de rocío mañanero, sobre la tanga de la chica de El Siglo en su primera plana, ocultando sin tapujos los números de la lotería. ¿Estará escrito este sortilegio de mal gusto en el librito de San Cipriano que descansa eternamente en SalSiPuedes? Ni idea. Lo cierto es que no logro entender nada.

- ¿Se murió el Wasón? ¿Ah? ¿Qué? -

Tambaleo un poco hacia atrás, y entonces...

- JUA JUA JUA JUA... JE JE JE JE... JUAAA JUAAA JUAAA JUAA... -

¡Auxilio! Salta a escena otro loco, de unos cinuenta y tantos, con ojos fuera de órbita y una sobrenatural apertura maxilar. La camisa entreabierta lograba camuflajerase con el resto de los grises decadentes del resto del paisaje. De su figura humana sólo recuerdo clavículas y dientes. De otro modo hubiera pensado que las paredes y el piso habían cobrado vida, y que sólo faltaba ese culposo Corazón delator de Edgar Allan Poe para creer que nuevamente le echaba una visita onírica al inframundo.

Pero no. Lo gritos y las mofas provienen de una figura humana. Una que, como suele pasar en Calidonia, sale de la nada.

- ¡Se murió el Wasón! ¡JAJAJAJAJAJAJAJAJAJA! ¡Se murió, se murió... POR PAYASÓN! -
- ¡JIJIJIJIJI JAJAJAJAJAJAAAAAAA...! -

Y para mi sorpresa, así como para mi alivio, el poseído oyente de noticias desaparece por un conocido umbral que da hacia las barracas de San Miguel, umbral al que ninguno de mis amigos se ha atrevido a asomarse alguna vez porque no creen eso de que sea la inofensiva entrada a una fonda de comida criolla.

Hoy, ya descansada de aquel desborde fotográfico, y luego de haber visto y protagonizado otros filmes de terror, logro comprender lo entonces sucedido a aquel poseído por la noticia de El Siglo:

- Pobre loco. No sabía que por cada Wasón muerto nace otro... ¡Y lo supera! -
- ¡Hmmm...! -

Entonces mejor me cuido. Ahora que se acercan las elecciones seguro y me topo con El Acertijo.

Y ese sí que me da miedo.

viernes, 29 de agosto de 2008

La pregunta que faltaba

- ¡Cómo! -

Mi cabeza no daba crédito a lo que se me informaba desde mis oídos: En el noticiero del mediodía se decía que una joven alemana se había tirado a la Bahía de Panamá la noche anterior, como a eso de un cuarto para las once, y que había sido encontrada doce horas después por los pescadores de un barco atunero, asida a una boya y semidesnuda, cerca de Isla Flamenco ¡A cuatro millas náuticas de su punto de partida!

- ¡Ja ja! Esto prometía como mínimo un salto de endorfinas - Me dije.

Evidentemente fue la noticia del día, porque ese seis de enero a los Reyes Magos les habían negado la visa por meterse a rastafaris. Para el año que viene tendrán que invertir en Real Estate y convertirse en extranjeros decentes, hechos y derechos. Sino mis medias amanecerán tan vacías como aquel día, y ya no me doparé de chocolates y sorpresas.

Por eso, antes de que olvide a qué sabe lo inesperado, les termino el cuentito:

Salí disparada a comprar los diarios de aquel día a la caza de detalles, hechos, testimonios, lugares, nombres, todo lo que me pudiera ayudar a pintar el paisaje interior de esa singular nadadora. Salí con el alma cantando las viejas canciones de versos que creía ya perdidos. Oscilaba entre "O qué será qué será, que andam suspirando pelas alcovas" y "La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida, ¡Ay Dios!"... No sé, me sentía feliz, como si hubiera sido yo la loca de la historia.

Finalmente tenía la información escrita en mis manos, y efectivamente pude conocer más detalles de la chica gracias a la nota de La Prensa:

"Se trataba de Susan Shade, ciudadana alemana de 27 años de edad, quien ese mismo día había llegado a Panamá sola y se hospedaba en el hotel Covadonga, ubicado en Calidonia, confirmó el jefe de Rescates de Sinaproc, Heriberto Chávez."

-¡Ah vaya! Joven europea solitaria que se hospeda en Calidonia. ¡Qué perfil! Tan extraño como el hecho mismo...-

"Dos testigos, dijo Chávez, reportaron que la mujer leía sentada en una de las bancas de la vía, se levantó, se quitó la ropa y se tiró a lo que creía era agua, pero cayó en la arena. Se incorporó, caminó hasta el mar y empezó a nadar."

Luego de leer esta parte creí que soñaba, o que en caso contrario, comprobaba la existencia de lo Real Maravilloso. ¿Qué pensamientos tan huracanados la hicieron huir al oscuro y denso mar? La clave estaba cerca, ¡Muy cerca! La había dejado justo en esa banca...

La noticia continuó con el testimonio del tal Chávez: "Se notaba desorientada e hiperactiva... No quiso dar detalles de por qué se lanzó al mar".

-¡Claro! ¡ Pero si hay que avivar el misterio! ¡Buen texto!-
-¡Ahora sí, querido periodista, lanza esa verdad al viento, descífranos El Gran Secreto!-

Ansiosa llegué al último párrafo, y cuán grande fue mi tristeza al sólo leer:

"La Policía de Turismo, junto a un enlace de la Embajada de Alemania en nuestro país, la llevó a la sede policial para entregarle sus documentos."

Fin.

No hubo conejos ni palomas. Ni siquiera monedas detrás de la oreja. La magia había acabado. Cerré el diario, lo tiré en el sofá, volté la mirada hacia la cocina y los platos sucios me hicieron volver al mundo de la sequedad. Hasta el agua se había ido.

Ninguno de los periodistas que cubrieron la insólita noticia, ni los de la radio ni los de la prensa, y mucho menos los de la televisión, lograron encontrar la gran respuesta del por qué se había tirado semidesnuda al mar la joven y solitaria turista alemana.

Y es que para ello les faltó hacerse esa maravillosa pregunta, esa que ahora merece añadirse al cuestionario universal de Chico Buarque:

"¿Qué estaba leyendo?" O qué será qué sera...

viernes, 22 de agosto de 2008

¿Teatro de sombras o teatro en sombras?

- ¿Cuándo traerán a Panamá un teatro de sombras? - Me pregunté una vez.

- ¡Pero si aquí hay teatro de sombras! - Aseguró papá.

- ¿¡Ah sí!? - Le indagué yo - ¿Dónde?-

- Quédate en la esquina del Coca-Cola*, una noche en la que se valla la luz, como a eso de las once de la noche,

y ya verás...** -


* El Coca-Cola es un café entre calle 12 y 13 de Santa Ana. Uno de los más viejos de la ciudad..