sábado, 6 de febrero de 2010

Mi dulce contradicción

París, como todo lo que se ama
nunca se repite

Las campanas de Notre Dame
La paloma encrispada de frío
la tímida sonrisa del vendedor de flores en la estación de Opéra
las tristes siluetas que depositan sus penas tomadas de la mano bajo el murmullo del Sena
el ring-ring de una inocente bicicleta
la mirada distante del viejo pescador que no pesca nada bajo el Pont Neuf
La esperanza caída bajo los párpados de un viejo vendedor de libros viejos

Y el viento
el dulce viento
me acaricia otra vez al traerme voces lejanas
y otra vez me grita
una y otra vez
que cada día
como todo lo amado
es una primera vez

París, como todo lo que amo
nunca se repite
una y otra vez


Dedicada a mi criatura mágica, una y otra vez

1 comentario:

Anayansi Acevedo dijo...

Es triste que las cosas que uno ama, sean irrepetibles...únicas. Que vaina, Kafda, yo con el corazón partío y estos versos que me caen como anillo al dedo. Abrazos. Algunas cosas, las esenciales son únicas.